sábado, 15 de agosto de 2009

TRILOGIA DEL MAR MALVADO, EL OLVIDADO

La tiniebla era muy espesa, la humedad y el frío pinchaban la piel entrando en el más profundo de los huesos, en aquella mañana de noviembre cerca del Portico dei Servi en una Bologna triste y obscura de aquel otoño italiano del 2009.

La tradicional jovialidad y alegría emiliano-romagnola del pueblo de su capital había cedido el paso a la rabia y a la incertidumbre dependiente por la crisis económica, que había transformado la itálica península de un país desarrollado a un decadente doble de si mismo. El desempleo, la inseguridad y la política de fin imperio transformaban las oscuras sombras de noviembre en algo aun más siniestro e inquietante.

Alfio Brazzini había apenas llegado a la estación ferroviaria, envuelto en un anónimo cortaviento beige, y caminaba sin una meta en las cercanías del Portico, buscando un lugar cualquiera en donde poner algo debajo de los dientes. Alfio venía desde Roma, lugar que despertaba en él recuerdos, de todos modos, inolvidables. Junto delante la taquilla de la estación de Termini le dijo al indolente empleado en la ventanilla: “Bologna solo ida, grazie”.
No tenía nada que hacer en Emilia, era la primera ciudad que le había pasado por la cabeza, sin un porqué.
Alfio pero no vivía en la Ciudad Eterna, había llegado 24 horas antes desde Sur África. Ahí puso su hogar, 10 años atrás, debido a que se había casado con una de Johannesburgo con la cual llevó al mundo tres nenes hermosos.
Esposa, hijos, casa y trabajo, qué había sucedido para convencerlo a dejar todo y retomar el camino hacia su país de origen. Todos los seres humanos tienen un límite, Brazzini había alcanzado el suyo. Después de una década de compromisos y sacrificios familiares estaba harto y cansado.
No por la forma diferente de pensar o el diverso modo de intender la vida también en sus aspectos más comunes, no, la razón era mucho más simple pero al mismo tiempo mucho más profunda y pesada, Brazzini se había vuelto un “olvidado”.

Olvidado por la esposa comprometida en sus actividades de madre y mujer de casa y, tal vez, distraída por otras cosas.
Olvidado por los hijos, ya grandes y cerca de su independencia.
Olvidado en su ambiente de trabajo, probablemente porque no tenía más la gana o quizás la capacidad de mejorar su condición laboral. Alfio estaba adelante de un cruce: dejarse ir al olvido del cotidiano acontecer, previsible y descontado, o provocar una fractura.

La fractura Brazzini la había provocada separándose de la esposa, besando sus creaturas y haciendo lo que la mayor parte de las personas hace después de muchos años de lejanía, volver al lugar donde han nacidos. Una vez regresado a Italia, pero, Alfio no encontró el coraje de ir a su ciudad natal, un pequeño pueblo en la provincia de Turín, porque también ahí, después de tanto tiempo, para los viejos amigos, para la gente era un “olvidado”, y entonces, una vez desembarcado al aeropuerto de Fiumicino había dicho:
“vamos a la estación de Termini y luego veremos”.

El olvidado había elegido su bar cualquiera donde nutrirse y mientras esperaba la comida calentada con el microondas, bebiendo a sorbos un tinto anónimo, impersonal de sabor y color, se daba cuenta de ser olvidado y solo.
Buscando por horas en sus propias miserias percibía que el primero en haberse olvidado de el era el mismo Brazzini.

Pasada la noche en un hotelito cerca de San Petronio después de haber hecho un delirante viaje por bares y cantinas en donde había encontrado personas que no habría vuelto a ver nunca más, la mañana siguiente mientras tomaba el café y la pastilla contra el dolor de cabeza, amiga de siempre, decidía de ir a Bologna Central para tomar un tren rápido hacia su casa para quedarse una semana, saludando la familia y los amigos para luego volver a sus únicos amores posibles, porque había entendido que aquel era el único modo para no permanecer olvidado por el resto de sus días.

TRILOGIA DEL MARE CATTIVO - IL DIMENTICATO

La nebbia era molto fitta, l’umiditá ed il freddo pungevano la pelle entrando nel piú profondo delle ossa, in quella mattina di novembre vicino al Portico dei Servi in una Bologna triste e scura di quell’autunno italiano del 2009.
La tradizionale giovialitá emiliano-romagnola del popolo della sua capitale aveva ormai ceduto il passo alla rabbia ed all’incertezza dipendente dalla crisi economica, che aveva trasformato l’italica penisola da paese sviluppato a decadente controfigura di se stesso.
La disoccupazione, la criminalitá e la politica di fine impero rendevano le giá oscure ombre novembrine ancor piú sinistre ed inquietanti.
Alfio Brazzini era appena arrivato alla stazione ferroviaria, avvolto in un anonimo impermeabile beige, e camminava senza una meta nei pressi del Portico, cercando un posto qualunque dove mettere qualcosa sotto i denti.
Alfio veniva da Roma, cittá che in lui risvegliava ricordi comunque indimenticabili, giunto davanti alla biglietteria della stazione Termini aveva detto all’indolente impiegato allo sportello: “Bologna sola andata, grazie”.
Non aveva niente da fare in Emilia, era la prima cittá che glie era passata per la testa, senza un perché.
Alfio peró non viveva nella cittá eterna ma, vi era giunto 24 ore prima da ben piú lontano, dal Sud Africa. Vi ci si era stabilito 10 anni prima, avendo sposato una di Joannesburg con la quale aveva messo al mondo tre bimbi meravigliosi.
Moglie, figli, casa e lavoro, che cosa era successo per convincerlo a mollare tutto e rimettere piede nel suo paese d’origine. Tutti gli esseri umani hanno un limite, Brazzini aveva raggiunto il suo. Dopo una decade di compromessi e sacrifici familiari si era stancato.
Non era a causa della mentalitá differente o del diverso modo di intendere la vita anche nei suoi aspetti piú quotidiani, no, la ragione era molto piú semplice ma al tempo stesso molto piú profonda e pesante, il Brazzini era diventato un “dimenticato”.
Dimenticato dalla moglie impegnata nelle proprie attivitá di madre e di donna di casa e, forse, distratta da altro.
Dimenticato dai figli, ormai grandi e vicini all’indipendenza.
Dimenticato nel suo ambiente di lavoro, probabilmente perché non aveva piú voglia o non era piú in grado di fare carriera. Alfio si era trovato davanti ad un bivio: lasciarsi andare all’oblio del quotidiano divenire, prevedibile e scontato, oppure provocare una frattura.
La frattura Brazzini l’aveva provocata separandosi dalla moglie, baciando le sue creature e facendo quello che la maggior parte delle persone fanno dopo molti anni di lontananza, tornare nel posto dove sono nati. Una volta rientrato in Italia, peró, Alfio non trovó il coraggio di andare nella sua cittá natale, una piccola cittadina nell’entroterra torinese, perché anche lí, dopo tanto tempo per i vecchi amici, per la gente era un “dimenticato”, e allora, una volta sbarcato all’areoporto di Fiumicino si disse: “andiamo alla stazione Termini e poi vediamo”.
Il dimenticato aveva scelto il suo bar qualunque dove nutrirsi e mentre aspettava cibo riscaldato al microonde sorseggiando un anonimo rosso, impersonale per gusto e colore, si rendeva conto di essere dimenticato e solo.
Frugando per ore nelle proprie miserie percepisce il primo a essersi dimenticato di Alfio Brazzini é proprio lui.
Passata la notte in una pensioncina vicino a San Petronio dopo aver fatto un tour di bar dove aveva incontrato persone che non avrebbe rivisto mai piú, il mattino seguente mentre prendeva il caffé e la pastiglia anti emicrania, amica di sempre, decideva di andare a Bologna Centrale da dove avvrebe preso un intercity per casa sua dove sarebbe rimasto per salutare famiglia ed amici per poi tornare dal suoi unici amori possibili perché aveva capito che quello era l’unico modo per non rimanere dimenticato per il resto dei suoi giorni.

miércoles, 29 de julio de 2009

EL INOBSERVADO

EL INOBSERVADO



El inobservado es aquel que se mezcla cada día a la multitud sin que ella se de cuenta de su presencia.
Casi siempre habitante de grandes ciudades o capitales, en los pequeños centros seria individuado rápidamente, conduce una existencia aparentemente semejante a aquella de todo el resto del mundo.
Trabaja, lleva los hijos a escuela, paga sus cuentas, si puede, va al restaurante o al cine. Maneja, se va de compras, al teatro o a la cancha.
Junto a estas actividades consideradas normales, el inobservado, haciendo fuerza precisamente de ésta condición, se toma la libertad de hacer también otras cosas. Protagonista de encuentros clandestinos, de color sentimental-físico, de reuniones ocultas de carácter laboral o de negocio inútilmente finalizadas a mejorar su propia condición económica o de carrera, reuniones lúdicas con amigos delante un tinto o compartiendo alguna pitada de los cigarrillos que hace sonreír.
Pasa rápidamente éstas medias horas como si fuesen micro-vacaciones, sin tomar un avión o un tren, luego, el inobservado vuelve a su rutina sin dejar filtrar nada al mundo que lo redondea. Todo fluye en el océano metropolitano sin que el lícito o el ilícito suban a la superficie como si fuese un organismo unicelular depositado sobre el fondo.
El inobservado permanece tal normalmente hasta que alguien de sus pequeños crímenes no viene descubierto y entonces, en aquel caso, puede volverse un inesperado protagonista de algún clamoroso hecho de crónica que remueve el aceitoso mar ciudadano.
Si queda discreto y atento, él, seguirá para toda la vida a esconder sus pecados confundiéndose con el cotidiano acontecer.
Preferiblemente hombre, cuando es mujer puede cruzar la frontera de la neurosis, y en los casos peores, de la paranoia, en su configuración masculina une la capacidad de mentir a aquella de superponer mas actividades simultáneamente para confundir una con otra.
El origen del inobservado no resulta bien definible, no é fácil de identificar, pero si uno quisiera definir su retrato, podría ser el siguiente: macho, edad entre los 35 y los 45 años, estudios universitarios, profundo conocedor de los efectos de alcohol y substancias ilegales, con gran capacidad de mimetismo.
Lo inobservado logra estar en una dimensión sin tiempo, propio justo en el medio de su desarrollo más frenético y telúrico: el aglomerado urbano.

No deja huellas, no deja olor, sale de los esquemas para luego regresar velozmente, un instante antes de que lo agarren.

El inobservado con sus secretos horribles, inocentes, inconfesables y quizás similares o los nuestros……




domingo, 26 de julio de 2009

L'inosservato

L’INOSSERVATO



L’inosservato é colui che si mescola ogni giorno alla folla senza che essa si accorga della sua presenza.
Quasi sempre abitante di grande cittá o capitali, nei piccoli centri verrebbe individuato rapidamente, conduce un’esistenza apparentemente simile a quella di tutto il resto del mondo.
Lavora, porta i figli a scuola, paga i suoi conti, se puó, va al ristorante o al cinema. Guida la macchina, va a fare la spesa, va a teatro oppure allo stadio.
Assieme peró a queste attivitá considerate “normali”, l’inosservato, facendosi forza proprio di questa sua condizione, si prende la libertá di fare anche altro. Protagonista di incontri clandestini, a sfondo sentimental-fisico, di occulti meeting di carattere lavorativo inútilmente atti a migliorare la propria condizione economica o di carriera, riunioni ludiche con amici visti di sfuggita davanti a un rosso o condividendo qualche boccata di quelle sigarette che fanno sorridere.
Trascorre rapidamente queste mezz’ore a mo’ di micro-ferie, pur non prendendo un aereo o un treno, poi, l’inosservato torna alla sua routine senza lasciar trapelare niente all’esterno. Tutto scorre nell’oceano metropolitano senza che il lecito o l’illecito venga alla luce quasi come se egli fosse un organismo unicellulare depositato sul fondo.
L’inosservato rimane tale normalmente fino a che qualcuno dei suoi piccoli misfatti non viene scoperto e allora, in quel caso, puó anche diventare l’inesperato protagonista di qualche clamoroso fatto di cronaca che smuove l’oleoso mare cittadino.
Restando discreto e attento, lui, continuerá anche per tutta una vita a nascondere i suoi peccati confondendoli con il quotidiano divenire.
Preferibilmente uomo, quando é donna puó sconfinare nella nevrosi, e nei casi peggiori, nella paranoia, nella sua configurazione maschile unisce la capacitá di mentire a quella di sovrapporre piú attivitá l’una all’altra.
La demografía dell’inosservato non risulta ben definibile, non é facile da censire, ma se si volesse abbozzarne l’identikit, potrebbe essere il seguente: maschio, etá variabile tra i 35 ed i 45 anni, studi superiori, conoscitore degli effetti di alcohol e droghe, con doti, spiccate doti, di mimetismo.
L’inosservato riesce a stare in una dimensione senza tempo proprio nel mezzo del suo svolgersi piú frenetico e tellurico: il grande agglomerato urbano. Non lascia tracce, non lascia odore, esce dagli schemi per poi rientrarvi velocemente, un attimo prima di essere colto sul fatto.

L’inosservato….con i suoi segreti orribili, innocenti, inconfessabili e molto spesso condivisibili.

miércoles, 28 de mayo de 2008

SILENCIOSA LUCIDEZ

Golpes de luz multicolor, relámpagos, los acordes de los instrumentos, la batería que empieza a dar el ritmo, sábado 17 de mayo 2008 – Buenos Aires, los Queensrÿche arrancan su espectáculo.

Son muchísimos años que no voy a un concierto heavy, de verdad muchísimo tiempo ha pasado, y si alguien me hubiese dicho que volvería a pasar en Argentina, seguramente no se lo hubiera creído.

Al revés, ni en los Estados Unidos o en Europa y ni siquiera en el lugar donde nací, Trieste, la linda dama de la cual alejarse y tomar en pequeñas terapéuticas dosis porqué sino te mata como el mas potente de los venenos.

En Buenos Aires, en un espacio físico propiedad de las empresas del local sector sanitario, que ahora tiene el nombre de una gaseosa, los auspiciadores, o sea la plata son importantes, toca esta banda norteamericana de Seattle, con 27 años de trayectoria. Estoy con un nuevo amigo, y quizás, porqué me conoce desde muy poco tiempo tuvo la piedad de acompañar a este evento un maduro – metalero, felizmente casado y padre. El espectáculo es fantástico y también el joven que se sumó a esta aventura de dos horas, se queda entusiasmado.

Yo, por mi parte, regreso a una época de por lo menos 15 años atrás, puta madre! , un periodo de mi existencia que parece muy lejano, en mi ciudad con los amigos de siempre. Pero la vida, por suerte, es un continuo acontecer y mientras el canoso cantante, no envejezco solamente yo! demuestra de haber mantenido su voz intacta a pesar de los años, empiezo a reflexionar. Si antes de cada cosa que hacemos, o tratamos de hacer, o de cada decisión que programamos haríamos una pausa parándonos y actuando después?Un momento, un segundo, un nada de atraso en la acción que por definición física causará una reacción igual y contraria. Este es el punto, parafraseando una inolvidable banda metal en una libre, limpia y maravillosa noche latinoamericana, intuyo que no es el “shining” o brillo, no es una iluminación divina, non es un flash lisérgico, es simplemente SILENCIOSA LUCIDEZ. Aquella lucidez silenciosa que nos permitirías tener una infinitesimal fracción de tiempo mas para pensar. Lamentablemente, la silenciosa lucidez es un mineral difícil de encontrar, un animal casi extinguido, un planeta remoto al cual nuestras pobres almas no pueden llegar.

Nosotros, los humanos, somos dominados por el impulso, por el deseo de reaccionar, por la desesperada necesidad de una respuesta inmediata, en esta vida de hoy disciplinada por la velocidad.

La capacidad de congelar por un instante el inexorable correr de los eventos y mirarlo con un grano mas de claridad, este seria realmente un momento de SILENCIOSA LUCIDEZ.

Algún día, lograremos aterrizar en esta planeta inalcanzable y así poder intentar vivir diversamente.

LUCIDITA’ SILENZIOSA

Sprazzi di luce multicolore, lampi, gli accordi degli strumenti, la batteria che inizia a dare il ritmo, sabato 17 di maggio 2008 – Buenos Aires, i Queensrÿche iniziano il loro show.

Sono tantissimi anni che non vado a un concerto heavy, davvero moltissimo tempo é passato e, se qualcuno mi avesse detto che ne avrei rivisto uno in Argentina di sicuro non gli avrei creduto.

E invece, non negli Stati Uniti o in Europa e neppure nel luogo dove sono nato, Trieste, la bella signora da cui stare lontani e prendere a piccole treapeutiche dosi perché altrimenti rischi che ti uccida come il piú potente dei veleni. A Buenos Aires, all’interno dello spazio fisico di proprietá delle imprese del settore sanitario locale, ora ribattezzato con il nome di una bibita, gli sponsor, ovvero i soldi sono importanti, questo grande gruppo nordamericano di Seattle, da 27 anni sulla scena, presenta il suo concerto. Sono con un nuovo amico, che forse, proprio perché mi conosce da poco, avuto la misericordia di accompagnare un “maturo” - “metalero”, come dicono da queste parti, felicemente accasato ed esercente la patria potestá, a questo avvenimento.

Lo spettacolo é super ed anche il giovane che si é unito a questa avventura di due ore rimane entusiasta. Io, per parte mia, torno indietro nel tempo, di almeno 15 anni, sti cazzi!, ad un’epoca che sembra molto lontana, nella mia cittá con gli amici di sempre. Ma la vita, io credo fortunatamente, é un continuo divenire, e mentre l’attempato cantante, mica invecchio solo io!!, dimostra di avere ancora i picchi vocali di un tempo, inizio a fare una riflessione. Se prima di ogni cosa che facciamo, o tentiamo di fare, o di ogni atto che programmiamo ci predessimo una pausa per fermarci, e poi, sucessivamente, agire? Un lampo, un barlume, un secondo solo di ritardo sull’azione che per definizione fisica provocherá una reazione uguale e contraria. Ecco il punto, parafrasando un indimeticabile band metal in una libera, pulita e meravigliosa notte latinoamericana, giungo alla conclusione che non é lo “shining” o luccicanza, non é una folgorazione divina, non é un flash lisergico é semplicemente una LUCIDITA’ SILENZIOSA. Quella silenziosa luciditá che ci permetterebbe di avere quella infinitesimale frazione di tempo in piú per riflettere.

E invece la LUCIDITA’ SILENZIOSA é un minerale raro, un animale in via di estinzione, un pianeta lontano e inaccessibile per le nostre povere anime. Noi umani siamo dominati dall’impulso, dal desiderio di reazione, dal disperato bisogno della risposta immediata, in questa vita di oggi regolata dalla velocitá.

La capacitá di congelare per un istante l’inesorabile scorrere degli eventi e vederli con un po’ piú di chiarezza, questo sarebbe veramente un momento di LUCIDITA’ SILENZIOSA.

Forse un giorno saremo in grado di sbarcare su questo inarrivabile pianeta e poter vivere diversamente.

viernes, 18 de abril de 2008

BLADE RUNNER

En la noche del jueves salí con un par de amigos a dar una vuelta por el Centro. Pero no fue una noche normal.

Las clásicas y eternas luminarias del corazón de Buenos Aires en la cercanía del Obelisco, la interminable presencia de los taxis, como abejas en las colmenas, y las almas “perdidas” de las noches porteñas no eran así fácilmente detectables como suele ser.

Jueves en la noche había otra Buenos Aires, sumergida en una atmósfera en el medio entre Londres en noviembre y Milán en el final de un mes de enero. Poca visibilidad, poca gente en la calle, todos refugiados en casa o en los bares, trafico muy reducido.

Pasando el cruce entre la calle Tucumán y la peatonal Florida se veía, con mucho optimismo, imaginación y esperanza, esas camionetitas eléctricas de la vecina comisaría y algunos de los chicos que te dan estas “invitaciones” para un par de horas de supuestos paraísos sexuales a precios “turísticos”.

En algún punto del recorrido que hicimos me pareció reconocer el cruce entre Fulham Broadway y North End Road, en el corazón de Chelsea, a pocos metros de la cancha de Stamford Bridge, en donde pase miles de veces en mis inviernos y otoños británicos;

Me estaba clamorosamente equivocando ya que el cruce era entre Suipacha y Corrientes.

El tema de fondo es que si hubiese sido una fría tiniebla de origen ingles, todo bien, la verdad es que era HUMO. Humo denso, fuerte, que penetra las narices y te llega al fondo de la garganta y que también entra en casas y bares, en uno de los dos o tres, no recuerdo con precisión, en cuántos fuimos no se podía respirar ni con el aire acondicionado prendido a full.

< Son los incendios de los pastizales >, como dicen todos los noticieros desde por lo menos cuatro días, pero una hola de humo tan grande y persistente que envuelve una ciudad enorme como Buenos Aires es muy particular, inusual y…………. hasta sospechosa.

Estamos saliendo del ultimo bar, a esta altura del partido no es fácil saber si hay mas humo en la calle o mas “tiniebla” en nuestras cabezas. Una vez arriba del coche de uno de mis amigos quedamos un minuto observando el humo que nos redondea;

El ritmo metropolitano parece cristalizado nadie parece moverse o tener vida.

De la nada sale una chica caminando, tiene pinta de una que se está yendo a ganarse la vida en uno de estos locales que hay por ahí. Es medio rubia y de negro vestida tremendamente similar a uno de los personaje de una inolvidable película que tenia como escenario una ciudad eternamente envuelta en humo y lluvia artificialmente provocada por la contaminación debido a los “abrumadores logros tecnológicos y científicos” del ser humano.

La película es Blade Runner y en esta noche de un jueves de abril Buenos Aires ES esta ciudad.